sábado, 18 de marzo de 2017

Atención Domiciliaria


FUNDEHUSS proporciona servicios con enfoque psicosocial en: Psicología, Psicoanálisis, Nutrición, Enfermería, Trabajo Social, Pedagogía, Gerontología, Talleres Afectivos y Reflexivos.

Atención a: Niños, Niñas, Adolescentes, Adultos y Mayores

La salud mental es un don que todos queremos poseer, independientemente de si lo designamos o no con ese nombre. Cuando hablamos de felicidad, tranquilidad, goce o satisfacción, casi siempre nos estamos refiriendo a la salud mental.

La salud mental tiene que ver con la vida diaria de todos. Se refiere a la manera como cada uno de nosotros nos relacionamos con otros en el seno de la familia, en la escuela, en el trabajo, en las actividades recreativas, en el contacto diario con nuestros iguales y, en general, en la comunidad. Comprende la manera en que cada uno armoniza sus deseos, anhelos, habilidades, ideales, sentimientos y valores morales con los requerimientos para hacer frente a las demandas de la vida.

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Tratamiento eficaz en:

1.      Depresión, baja autoestima.
2.      Estrés, ansiedad, crisis de angustia.
3.      Miedos, obsesiones, fobias.
4.      Inseguridad, timidez, rarezas.
5.      Adicciones.
6.      Dificultades en el trabajo y/o en el estudio.
7.      Enuresis.
8.      Fracaso escolar, hiperactividad.
9.      Alteraciones del lenguaje.
10.    Crisis de crecimiento. Orientación vocacional.
11.    Orientación a padres



MEDICINA PSICOSOMÁTICA

Somos cuerpo y psiquis y aunque diferentes, cuando se afecta o no repercute siempre en lo otro. Existen ciertas enfermedades donde claramente hay repercusión en el cuerpo por etiología psíquica y otras enfermedades orgánicas cuyo pronóstico depende en gran parte del psiquismo. Poder pensar desde la medicina y el psicoanálisis estas enfermedades, permite la curación.
1.   Anorexia, bulimia, obesidad.
2.   Palpitaciones, mareos,   hipertensión.
3.   Hipocondría. Fibromialgia. Síndrome de fatiga crónica.
4.   Úlcera, gastritis, cefaleas.
5.   Asma, alergias, uretritis y cistitis
6.   Colitis ulcerosa. Enfermedad de Chron. Colon Irritable.
7.   Trastornos menstruales, menopausia.
8.   Enfermedades autoinmunes (Lupus, Artritis Reumatoide...)
9.   Enfermedades de la piel.
10. Infarto agudo de miocardio: rehabilitación psíquica
11. Cáncer. SIDA: tratamiento coadyuvante y apoyo a familiares.


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TRASTORNOS DE LA SEXUALIDAD

La sexualidad humana presenta la amplitud del lenguaje, donde cada palabra puede combinarse con cualquier otra palabra. Poder hablar en análisis de uno mismo, permite poder discernir: sueño, fantasía y realidad. La sexualidad es psíquica y diferente a la genitalidad. 
1.   Impotencia.
2.   Eyaculación precoz.
3.   Frigidez.
4.   Inhibiciones.
5.   Problemas de pareja.
6.   Infertilidad.

SITUACIONES DE CAMBIO

Una de las cosas más difíciles de conseguir en la vida es aceptar las nuevas situaciones, los cambios que inevitablemente acaecen. El humano nunca olvida ni abandona con agrado situaciones que le hayan producido placer, aunque con ello mejore su calidad de vida y obtenga con ello lo nuevo: el goce.
1.      Matrimonio.
2.      Divorcio.
3.      Paternidad.
4.      Comienzo y finalización de estudios.
5.      Incorporación al mundo laboral. Ascensos Laborales.
6.      Jubilación. Nuevos proyectos.
7.      Adolescencia.
8.          Menopausia.


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MEDIACIÓN FAMILIAR

La familia es una estructura y el primer grupo que como humanos conocemos. Como grupo nos transmitió una ideología (maneras de hacer, modos de pensar) y como estructura impone una ética, moral y leyes.
Poder crecer, ser mejores fuera de la familia, tener otras ideas diferentes a las conocidas, hacer de manera propia, puede ser pensado y juzgado desde la familia como una “traición”. Es diferente pensar que el mundo está en la familia, a poder construirse una familia que esté en el mundo. 
1.      Procesos de separación.
2.      Informes de custodia y adopción.
3.    Dificultades en empresas.



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Fundación para el Desarrollo Humano con Sentido Social
NIT 900.835.606-1
Atención Domiciliaria

viernes, 27 de enero de 2017

EL TRABAJO PSICOANALÍTICO Y EL CAMPO JURÍDICO EN LOS CASOS DE ABUSO SEXUAL INFANTIL

Niños ultrajados, niños indignados
La autora analiza la posición del psicoanalista ante la consulta por abuso, pone el foco en la solicitud de revinculación del niño o joven con el familiar sospechado de ser el maltratador o abusador y destaca la necesidad de mantener la heterogeneidad entre el acto jurídico y el acto del terapeuta.
Por Liliana Donzis *
Según informes de Unicef, cada hora, es decir cada 60 minutos, 228 niños de América Latina son abusados sexualmente. La mayor parte de los abusos y actos violentos provienen de instancias intrafamiliares.
Ningún niño está en condiciones de dar consentimiento a estas prácticas, pero no siempre conoce o sabe qué hacer ante  esas demandas de sometimiento.
¿Cuál es la posición del psicoanalista ante la consulta por abusos, violaciones y aquellas circunstancias en las que un progenitor presiona sobre su hijo para desacreditar la denuncia e incluso el inicio de un  tratamiento analítico? ¿Cuál es la incidencia del acto analítico cuando en  casos extremos los niños están al servicio del hostigamiento de un familiar?
Por otra parte, ¿cómo respondemos ante la solicitud de revinculación solicitadas al psicoanalista de un niño con el familiar del que se sospecha, y muchas veces es una suposición cierta, que hubo maltrato, violencia y abuso de cualquier índole incluido el sexual? Demandas de revinculación que surgen luego de las medidas de abrigo sugeridas –abstención de contacto– entre el niño y el acosador.
La clínica psicoanalítica ofrece un espacio para los padecimientos del niño y el púber que están sometidos a situaciones que degradan su subjetividad, niños que entre cuero y carne están atrapados en diferentes formas de maltrato y abusos –pornografía infantil, obligación de consumir drogas para delinquir– que  atentan contra su dignidad cada día. Muchas de estas situaciones, casi siempre silenciadas, corresponden a delitos de diverso grado y se dan a conocer a través  de denuncias en la justicia, en la vida escolar, en las consultas pediátricas, en la urgencia médica y es por medio de estas vías que pueden llegar al psicoanálisis, momento clave en el cual la práctica clínica nos interpela a tomar alguna posición, ya que  desde  lo real del  padecimiento interrogan  nuestro quehacer. Otros discursos y disciplinas operan en el campo en el que están involucradas estas situaciones así como también están presentes los padres, la familia, los abusadores, apropiadores, pedófilos y aun quienes comercian con los cuerpos infantiles. En muchas ocasiones nos encontramos que el incesto y el abuso sexual intrafamiliar está sofocado  y acallado. Nos inquieta y sorprende, estamos advertidos de que es el niño quien denuncia de diferentes formas su situación  para intentar salir de esos circuitos.
Cuando un niño deja de callar, cuando dice algo, este algo hace escritura, y por consiguiente también es una forma de corte. El decir es un acto que da lugar a una nueva escritura y a una nueva posición del sujeto. Cuando sale del silencio, al que casi siempre está obligado, el niño transforma el sometimiento en enojo e indignación, y este es un paso para recobrar su dignidad.
El psicoanalista escucha al niño tanto en lo que dice con palabras como en lo que  expresa con  juegos y dibujos, y enmarcado  por su  ética propicia la emergencia del sujeto y la reconstrucción de la subjetividad. El niño ultrajado deletrea su historia y frecuentemente se indigna ante su dramática para acceder lenta pero convincentemente a tomar distancia de la alienación en la que estuvo sometido. Son tiempos de análisis muy dolorosos para el niño, pueden implicar pérdidas, y por ende la tramitación de un duelo de lo que significaron y fueron hasta poco tiempo antes familiares o personas de su cotidianeidad. Dicho de otro modo, no es sencillo que un niño o un joven asuman  que el padre, la madre, algunos familiares o amigos constituyen inquietantes abusadores o espectadores indiferentes de su drama.
Es importante aclarar que es la familia o alguno de los padres quienes pueden poner al descubierto, en la intimidad del consultorio, la herida que dejó abierta el ultraje de la dignidad del niño.  No es fácil pero es ineludible y asimismo puede conllevar un tiempo de trabajo situar y resituar el saber en el lugar de la verdad.
Estos son algunos de los motivos por los cuales la intervención del analista no es homóloga a la de los otros profesionales intervinientes, como por ejemplo los peritos psicólogos forenses, los letrados jurídicos, y aun los equipos que trabajan en los juzgados que se encargan de  dilucidar la problemática. Es menester recordar que el maltrato a los menores, el abuso en sus diferentes formas, el proxenetismo y la pornografía infantil constituyen delitos en los diversos sistemas jurídicos de nuestra cultura.
¿La labor del psicoanalista puede tejerse en la intersección entre lo privado y lo público,  entre lo jurídico y la subjetividad?
El psicoanalista no aplica protocolos estandarizados sino que se instituye en la emergencia de la palabra en el reabrir y elaborar  las escenas oscuras de la violencia  intrafamiliar en las que el niño estuvo cautivo. La escena analítica es el soporte del  niño quien al jugar, dibujar y escribir teje y reteje lo traumático, cuestión crucial, porque permite situar lo íntimo de cada niño y de cada historia así como también las enhebra en el encaje instituido entre el  lenguaje y las pulsiones.
Hemos comprobado que cuando estamos convocados a intercambiar la experiencia a través de informes o reuniones con el estamento judicial, las defensorías de menores y otras instancias tanto educativas como sociales nuestro enfoque es muy bien recibido y me ha sorprendido favorablemente la buena expectativa con la que son trabajados  operando como documentos útiles para evaluar y tomar decisiones judiciales. La experiencia me ha demostrado la enorme utilidad del trabajo psicoanalítico ya que, gracias a él,  en caso de tener que acudir al estrado muchos niños se ubican en mejores condiciones para exponer su decir. Así como también he advertido que el niño es escuchado cuando sus  expresiones están  asentadas en su singularidad  y su mundo.
Desde la práctica clínica
Entre el campo jurídico y el trabajo psicoanalítico hay diferencias de fundamento, el acto jurídico y el acto analítico difieren por estructura pero básicamente porque el sujeto al que apunta el derecho no es el sujeto del inconsciente puesto a punto por Freud. Las interacciones,  no siempre exitosas,  conllevan  distancias discursivas  notables.
En nuestro nuevo Código Civil existe la disposición de escuchar al niño y sus reclamos. Ahora bien, es menester señalar que, en este punto, hay una proximidad entre lo jurídico y la posición analítica al situar al niño como sujeto, aunque esta cercanía no suponga una equivalencia entre el acto jurídico y el acto del psicoanalista. Entiendo que es importante mantener esta heterogeneidad para no confundir cada campo y las demandas que podemos formular en cada uno de ellos. Esta cuestión merece un estudio minucioso pero al menos vale mencionar que las normas que el discurso jurídico auspicia considerando al niño como sujeto de derecho no son de la misma estofa que la letra que surge del sujeto en su decir pues en este talla el inconsciente así como las marcas del deseo y del goce.
Si las normas positivas aspiran a sentar  una base para todos y cada uno, el psicoanálisis se asienta en el no todo, gracias a lo cual lo singular no es generalizable. Estas distinciones no impiden eventuales interacciones y obviamente no se trata de ninguna prioridad discursiva.
Pero, malgre tout, algo del funcionamiento permite que el sujeto, aunque apuntemos a emergencias diferentes, se ponga en juego. Persona jurídica y sujeto del inconsciente  operan entre saber y verdad aun cuando existan  divergencias. Se trata de un saber y una verdad cuestionada y subvertida. El psicoanálisis, su práctica, se asienta en el acto analítico, el acto del analista que deja de lado el poder, el único poder con el que cuenta es la palabra que se enlaza en la transferencia. El sujeto no es una ficción concerniente a la persona sino que es producto de la operación metafórica, es una emergencia del discurso, surge entre significantes y la represión es una operación que permite situar el inconsciente en su retorno mismo. No obstante, desde el campo jurídico reclaman nuestra intervención e interpretación. Cada vez y con cada niño nuestra posición es escuchar su historia, su singularidad, su deseo y su entramado familiar. Nuestra ética, lejos de dar respuestas generalizadoras, escucha al niño y al joven para que de sus palabras y su padecimiento surjan las hebras de su verdad y por ende es desde allí que surge la orientación de la cura.
El malestar de la cultura actual sitúa al niño ante la ley y nos invita a reflexionar sobre diferentes  las problemáticas que conllevan algún cruce entre la ley jurídica y la ley que Freud tematizó como correlato de  la prohibición del incesto.
Algunas experiencias pueden ilustrar la posición del analista ante situaciones de difícil resolución, por ejemplo si lo que el derecho denomina “revinculación” es posible e incluso si es terapéutico. Cuando es pertinente estimular y elaborar la conflictiva presentada en vistas a generar encuentros y cuando los encuentros conciernen a revictimizar o reforzar lo traumático en el niño en situaciones en las que se sospecha de abuso u otras acciones que vulneran la subjetividad del niño. En  estas situaciones ¿son aconsejables los reencuentros?
El ex juez Dr. Carlos Rozanski ha manifestado más de una vez, en escritos memorables y claros que “... una vez establecida la sospecha lógicamente la justicia aparta al sospechoso con el fin de proteger integralmente a las criaturas víctimas. En la mayoría de los casos, se presenta entonces como estrategia solicitar una revinculación con el presunto abusador. Es evidente que dicha medida busca como meta influenciar a la víctima, ya que su vulnerabilidad se multiplica ante esa revinculación forzada que logran algunos acusados”.1
En una ocasión recibí una consulta en la que solicitaban ayuda psicológica en pos del restablecimiento del vínculo materno filial pues  los hijos  fueron alejados de la madre. En otro análisis que llevé adelante con una niña que fue abusada por su padre me consultan en cierto momento de su tratamiento por la revinculación con este. El primero  concernía  a la apropiación de tres hijos por parte de uno de los  padres,  quien en clara oposición, hostilidad y agresión contra su ex pareja tomó a sus hijos pequeños induciéndoles a mantener una marcada aversión contra la madre, desestimando su figura con falsedades y hostigamiento. Los niños culminan conviviendo con el padre,  manteniendo un alejamiento real con la madre. Sin visitas ni acercamiento alguno. La madre inicia acciones legales para la restitución de los hijos a su hogar luego de efectuar  reclamos personales al padre y en diferentes mediaciones. Dada la corta edad de los niños, ellos no pudieron decidir qué hacer. El padre apropiador impidió todo contacto, incumplió con lo propuesto por los juzgados de familia intervinientes así como con las  recomendaciones  terapéuticas. El impedimento de contacto con el padre no conviviente  se extendió  durante varios años.
Esta es una situación en la que la revinculación fue pertinente y necesaria, permitiendo  reanudar la estructura familiar y por ende el porvenir de los hijos. Hubo que trabajar especialmente la disposición de los niños deslindando y diferenciando su problemática  de las dificultades que oportunamente atravesaron  los padres, dicho de otro modo, evitar que se convirtieran nuevamente en el espacio y el objeto de la disputa o controversia.
La fantasmática de la pareja parental excede pero también incide en los síntomas que presenta cada hijo. Como nos planteó Lacan, el síntoma del niño es efecto de  la verdad de la pareja parental. En muchas ocasiones, alguno de los padres desacredita la tarea llevada a cabo o trata de imponer sus  directivas. Inclusive llegan a no aceptar que sus hijos tengan madre y padre. La oposición y el deseo de dialogar entran en conflicto produciendo manifestaciones de angustia, así como un abanico de síntomas.
Ahora bien, ¿por qué un niño que tiene recursos simbólicos y habilidades se esfuerza por ocultar situaciones de este tipo?
Uno de los niños con quien mantuve entrevistas falseaba la situación para evitar que se cumplan las amenazas parentales. Atrapado en circunstancias que bordeaban lo criminal, fue muy difícil que el niño se expresara, invadido por el terror de una amenaza mortal si simplemente veía a la madre. Freud planteó que el trauma no es necesariamente un episodio realmente acontecido sino que lo traumático se construye sobre el eventual episodio. La herida es lenguaje.
Una niña abusada por su padre a los dos años de edad pudo mostrar a su madre que tenía la cola mojada, situación que sucedía en los momentos en que la madre salía a trabajar. La niña se mostraba muy inquieta cada vez que la mamá no estaba o cuando se quedaba con su padre, pero no podía explicar que sucedía, sin embargo se hacía escuchar mostrando la cola. Es importante destacar que la angustia de la niña tenía un motor y pudo explicitarlo a su modo. Fue evidente que era manoseada, vulnerada, abusada. Realizada la denuncia, se impuso legalmente la abstención de contacto con el padre. La madre se separó de este. No escatimó su esfuerzo en poner esa distancia. El padre de la niña adujo que la acusación era infundada y que la ex esposa estaba confundida. Es muy frecuente que ante una denuncia el abusador alegue locura o enfermedad en el denunciante.
Pudo constatarse que los hechos eran reales. El abuso era innegable. Fue una niña de dos años quien puso a cielo abierto la situación aberrante.
¿Podrá volver a encontrarse con su padre alguna vez?
Este caso es a todas luces un abuso agravado por el vínculo, dicho en otros términos, el padre tuvo un intento de  incesto. Un tiempo después  el padre solicita  revincularse con su hija. Dice extrañarla y que la ama. Según mi criterio, es preferible que la niña no sume nuevos efectos traumáticos. No es aconsejable el contacto con el padre aunque este siga negando todo abuso y argumente que fue acusado sin causa. Esta negación del padre, mas allá de la estrategia de defensa esgrimida por sus abogados,  implica de su parte  una operación de renegación, Freud lo denominó perversión.
Sin desmedro de las modalidades propuestas por diferentes especialistas en el tema para este tipo de contacto parental, estimo que el mismo no es posible y que requiere de mucho cuidado y tino para no revictimizar a la niña, quien ya fue expuesta a situaciones muy delicadas. El padre solicita levantamiento de su pena judicial. Pero esto implica una pena para la hija.
Ahora bien, la niña perdió a su padre, quien abusó de ella, y aunque lo vuelva a ver nunca podrá  mirarlo sin pudor, ni sin agravio. Los daños fueron y son múltiples, su dignidad se vio afectada y su necesidad de contar con un padre y su función también. Motivo por el cual podemos decir que es un daño en la subjetividad y sin duda afecta la decisión que pueda tomarse.
Preservar a los niños en relación a un padre implica que la función paterna se pueda simbolizar y no alcanza con paliativos. La figura del familiar abusador y apropiador queda marcada y es inolvidable. Las consecuencias de las heridas no prescriben. Pero los niños pueden tomar la palabra y manifestar de distintos modos su indignación.
¿Es posible reinventar un padre sin negar la existencia del abuso? El trabajo sobre el duelo y  la pérdida es, en estos casos,  un paso necesario e imprescindible.
* Psicoanalista. Miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Integrante de Reuniones de Psicoanálisis Zona Sur. Este texto es una ampliación de una clase del seminario Niños en Riesgo-  Elsigma.com
1 Citado por Luciana Peker.  La revancha. Diario Página/12, Las 12. 4 de julio de 2014

martes, 13 de octubre de 2015

SE CUESTIONA LA EFICACIA DE LOS FÁRMACOS ANTIPSICÓTICOS

Un nuevo hallazgo ha hecho saltar la voz de alarma sobre la eficacia de los fármacos antipsicóticos de segunda generación, habitualmente utilizados en trastornos como la esquizofrenia u otros trastornos esquizoafectivos, y entre los que se encuentran el aripiprazol, la iloperidona, la olanzapina, la paliperidona, la quetiapina, la risperidona, la inyección de risperidona de larga duración o la ziprasidona. Tal y como ha publicado un estudio de la revista PLoS Medicine, la aparente efectividad clínica de estos fármacos puede estar influida por el denominado sesgo de publicación, que consiste en la tendencia a la publicación selectiva de ensayos clínicos favorables en revistas científicas, en detrimento de los ensayos que no han obtenido dichos resultados.

El estudio, titulado Publication Bias in Antipsychotic Trials (Sesgos de publicación en ensayos sobre antipsicóticos), ha comparado los ensayos clínicos registrados en la base de datos de la agencia encargada de la aprobación de la comercialización de medicamentos en EE.UU. (U.S. Food and Drug Administration, FDA) con los ensayos finalmente publicados en revistas científicas. De los 24 ensayos clínicos realizados antes de la comercialización de los fármacos y registrados en la FDA, al menos 4 ensayos no han sido aprobados para su publicación, mostrando todos ellos resultados negativos sobre la eficacia de los antipsicóticos analizados. En concreto, 3 de estos ensayos no encontraron diferencias clínicamente significativas entre el antipsicótico en cuestión y un placebo, y un estudio encontró que el nuevo antipsicótico era incluso significativamente menos eficaz que otro fármaco menos costoso.
Al analizar el total de 20 ensayos publicados en revistas científicas, los autores de la investigación advierten de la existencia de unsesgo en la dirección de ensalzar las propiedades terapéuticas de los antipsicóticos analizados y enmascarar los resultados negativos. Por ejemplo, aunque los estudios que analizaron la eficacia de un nuevo antipsicótico, la iloperidona, encontraron que su eficacia era significativamente inferior a la de otros tres psicofármacos presentes en el mercado, esta información fue, paradójicamente, omitida en los artículos finalmente publicados en las revistas correspondientes.
Los autores establecen que, aunque los sesgos de publicación que han encontrado en la literatura científica sobre los nuevos antipsicóticos no son tan notorios como los encontrados en estudios similares sobre antidepresivos, los resultados ponen en evidencia que no se está aportando toda la información a la comunidad científica, ni con la precisión que se requiere, a pesar de la transcendencia que tiene a la hora de determinar las decisiones clínicas en el tratamiento de las personas afectadas. Asimismo, señalan la necesidad de ampliar los estudios sobre sesgos de publicación en este campo, con el objetivo de comprender la verdadera magnitud del problema.
Los resultados encontrados hasta el momento por este grupo de investigación, dirigido por Erick H. Turner, siembran de nuevo la duda sobre los intereses que hay detrás de los ensayos clínicos, subvencionados, en su inmensa mayoría, por las propias industrias farmacéuticas. De confirmarse la existencia de más estudios sobre la ineficacia de los fármacos antipsicóticos frente a un placebo, la validez del modelo farmacológico que impera en nuestros días para tratar los trastornos mentales no se sostendría bajo ningún argumento científico ni ético.

Tal y como publicaba hace unas semanas Infocopno es la primera vez que se pone en duda el tratamiento farmacológico en salud mental, ni que se advierte sobre el peligro de que la industria farmacéutica haya comenzado a adquirir demasiado poder e influencia en la forma de determinar qué es lo que puede considerarse enfermedad mental y cómo tratarla (ver aquí). Prestigiosos científicos e investigadores, de muy diferentes ramas de la ciencia, han manifestado abiertamente sus críticas a este respecto. Así, Daniel Carlat, conocido psiquiatra de EE.UU, ha aportado datos objetivos que muestran las peligrosas alianzas entre la psiquiatría y las empresas farmacéuticas (más información aquí) y Robert Whitaker ha publicado un libro en el que, basándose en los hallazgos sobre los daños irreparables en el cerebro que produce el consumo de antipsicóticos a largo plazo, reflexiona sobre la conveniencia de este tipo de intervención en salud mental (más información aquí).
Fuente:

jueves, 23 de abril de 2015

LA RESPONSABILIDAD EN EL NIÑO Y EN EL ADOLESCENTE

FUNDACIÓN PARA EL DESARROLLO HUMANO CON SENTIDO SOCIAL

Invitan al conversatorio sobre:

LA RESPONSABILIDAD EN EL NIÑO Y EN EL ADOLESCENTE

“… Algunos filósofos y pedagogos sostienen que la libertad es la base de la responsabilidad. Sartre pensaba que la libertad era una carga que le producía horror al individuo. No sabía qué hacer con ella. En todo caso, si hay otros que deciden en lugar del sujeto, si este no es libre, es difícil responsabilizarlo por sus actos…”
“…Aquella a la que apela un sujeto al sentirse responsable de determinada consecuencia de sus actos. Es un sentimiento ético, que paradójicamente Freud señala como un sentimiento inconsciente. El lazo social en el cual el sujeto se forma supone que funda un sujeto capaz de responder por sus actos…”

Fecha: jueves 30 de abril de 2015.
Hora 5 pm.
Lugar Por confirmar.


Cupos Limitados, confirme su asistencia al celular 304 683 95 96,

Email: fundehuss@gmail.com,   gonzalomarulanda@gmail.com

miércoles, 15 de abril de 2015

ALGUNAS LECCIONES ELEMENTALES DE PSICOANÁLISIS Sigmund Freud

1938 [1940]

Un autor que se propone introducir alguna rama de conocimientos -o para decirlo más modestamente, alguna rama de la investigación- a un público no instruido debe hacer claramente su elección entre dos métodos o técnicas.

Es posible partir de lo que cualquier lector sabe (o piensa que sabe) y considera como evidente en sí mismo sin contradecirlo ya desde el comienzo. Pronto se presentará una oportunidad para Ilamar su atención sobre algunos hechos en el mismo campo, que aunque le son conocidos, ha descuidado o ha apreciado imperfectamente. Empezando con ellos, uno puede introducir más hechos ante él de los que no tiene conocimiento y prepararlo así para ir más allá de sus primeros juicios, para buscar nuevos puntos de vista y tomar en consideración nuevas hipótesis. Por este camino se le puede llevar a tomar parte en la edificación de una nueva teoría acerca del sujeto y se pueden conocer sus objeciones a ella durante el curso del trabajo en común. Un método de esta clase podría llamarse genético. Sigue el camino que el propio investigador ha seguido antes.  A despecho de todas sus ventajas, tiene el defecto de no hacer una impresión demasiado contundente sobre el que aprende. No quedará tan impresionado por algo que ha visto surgir a la existencia y pasar por un difícil período de crecimiento como lo sería por algo que se le presentara ya hecho como un total aparentemente cerrado.

Es precisamente este efecto último el que produce el método alternativo de presentación. Este otro método, el dogmático, empieza por plantear sus conclusiones. Sus premisas exigen la atención y la fe de la audiencia y en apoyo de ellos se aduce muy poco.

Y entonces existe el peligro de que un oyente crítico sacuda su cabeza y diga: «Todo esto suena de un modo muy peculiar; ¿de dónde lo ha sacado este tipo?»
En lo que sigue no me limitaré a ninguno de los dos métodos de presentación. Usaré unas veces uno, otras otro. No me hago ilusiones acerca de la dificultad de mi tarea. EI psicoanálisis tiene pocas probabilidades de hacerse querido o popular. No es sólo que mucho de lo que tiene que decir ofenda los sentimientos de la gente. Casi una similar dificultad es creada por el hecho de que nuestra ciencia abarca un  cierto número de hipótesis -es difícil decir si deberían ser consideradas como postulados o como producto de nuestras investigaciones- que están expuestas a parecer muy extrañas a los modos ordinarios de pensamiento y que fundamentalmente contradicen los puntos de vista corrientes. Pero no se puede evitar esto. Hemos de empezar nuestro breve estudio con dos de esas arriesgadas hipótesis.

La naturaleza de lo psíquico EI psicoanálisis es una parte de la psicología. También es descrito como «psicología profunda» -más tarde descubriremos por qué-. Si alguien pregunta lo que realmente significa «lo psíquico», es fácil replicar enumerando sus constituyentes: nuestras percepciones, ideas, recuerdos, sentimientos y actos volitivos, todos ellos forman parte de lo psíquico. Pero si el interrogador sigue más adelante y pregunta si no hay alguna cualidad común poseída por todos esos procesos que haga posible llegar más cerca de la naturaleza o, como la gente dice a veces, de la esencia de lo psíquico, entonces eso es más difícil de contestar.

Si una pregunta análoga se le plantea a un físico (en cuanto a la naturaleza de la electricidad, por ejemplo), su respuesta hasta hace muy poco tiempo hubiera sido: «Con el fin de explicar ciertos fenómenos suponemos la existencia de fuerzas eléctricas que se hallan presentes en las cosas y emanan de ellas. Estudiamos esos fenómenos, descubrimos las leyes que los gobiernan y disponemos de ellos para usarlos. Esto nos satisface provisionalmente. No conocemos la naturaleza de la electricidad. Tal vez la descubramos un día conforme nuestro trabajo progrese. Hemos de admitir que lo que ignoramos es precisamente la parte más importante e interesante de toda la cuestión, pero por el momento esto no nos preocupa. Así ocurren sencillamente las cosas en las ciencias naturales.»

La psicología también es una ciencia natural. ¿Qué otra cosa puede ser? Pero su caso es diferente. Nadie es bastante atrevido para emitir juicios acerca de cuestiones físicas; pero todo el mundo -el filósofo y el hombre de la calle por igual- tiene su opinión sobre los problemas psicológicos y se comporta como si por lo menos fuera un psicólogo amateur. Y ahora viene lo notable. Todo el mundo -o casi todo el mundo- está de acuerdo en que lo psíquico tiene realmente una cualidad común en la cual se expresa su esencia: la cualidad - única, indescriptible, pero no necesitando descripción- de ser consciente. Todo lo que es consciente, dicen, es psíquico, y, al contrario, todo lo que es psíquico es consciente; esto es evidente, y contradecirlo es un disparate. No puede decirse que esta decisión arroje mucha luz sobre la naturaleza de lo psíquico, porque la  conscienciación es uno de los hechos fundamentales de nuestra vida y nuestras investigaciones tropiezan con ella y no pueden encontrar un camino detrás. Además, la equiparación de lo que es psíquico con lo que es consciente tuvo el indeseable resultado de divorciar los procesos psíquicos del contexto general de los acontecimientos en el universo y de colocarlos en completo contraste de todos los demás. Pero esto no sería así, puesto que no se podría pasar por alto el hecho de que los fenómenos psíquicos dependen en alto grado de influencias somáticas y por su parte tienen los más potentes efectos sobre los procesos corporales. Si alguna vez el pensamiento humano se ha encontrado en un callejón sin salida, es aquí. Para encontrar una salida los filósofos se vieron obligados a suponer que existían procesos orgánicos paralelos a los procesos psíquicos conscientes, relacionados con ellos de un modo difícil de explicar, que actuaban como intermediarios en las relaciones recíprocas entre «cuerpo y mente», lo cual sirvió para reinsertar lo psíquico en la textura de la vida. Pero esta solución resultaba insatisfactoria.

EI psicoanálisis escapó a dificultades de este tipo negando enérgicamente la equiparación de lo psíquico y lo consciente. No; el ser consciente no puede ser la esencia de lo que es psíquico. Es sólo una cualidad de lo que es psíquico, y desde luego una cualidad inconstante, que se halla muchas más veces ausente que presente. Lo psíquico, sea cualquiera su naturaleza, es por sí mismo inconsciente y probablemente de una clase similar a todos los demás procesos naturales de los que tenemos algún conocimiento.

El psicoanálisis basa sus afirmaciones en un cierto número de hechos de los que daré ahora una selección.

Sabemos a lo que nos referimos cuando decimos que a uno «se le ocurren» algunas ideas-pensamientos que aparecen súbitamente en la consciencia sin que percibamos los pasos que llevaron a ellos, aunque también han debido ser actos psíquicos. Puede incluso suceder que lleguemos por este camino a la solución de algún problema intelectual difícil que antes, durante algún tiempo, se había burlado de nuestros esfuerzos. Todo el complicado proceso de selección, rechazo y decisión que ha ocupado el intervalo se ha hallado fuera de la consciencia. No es ninguna nueva teoría el decir que eran inconscientes y tal vez también continuaron siéndolo.

En segundo lugar, tomaré un sencillo ejemplo para representar una clase inmensamente grande de fenómenos. El presidente de una corporación pública (la Asamblea de los Diputados del Parlamento de Austria) en una ocasión abrió una sesión con las siguientes palabras: «Me doy cuenta de que se halla presente un número suficiente de diputados, y por tanto, declaro la sesión terminada.» Fue un desliz verbal, porque no hay duda de que lo que el presidente quería decir era «abierta». ¿Por qué entonces dijo lo contrario? Esperamos que se nos dirá que fue un error accidental, un fracaso al realizar una intención, como puede suceder fácilmente por diversas razones: no tenía ningún significado, y en cualquier caso los contrarios se sustituyen uno por otro con facilidad. Pero si tenemos en cuenta la situación en que ocurrió el desliz verbal, nos inclinaremos a preferir otras explicaciones. Muchas de las anteriores sesiones de la Asamblea habían sido desagradablemente tormentosas y no habían realizado nada, de modo que resultaba natural que el presidente pensara en aquel momento al hacer su manifestación pública: «¡Si la sesión, que está en sus comienzos, se hubiera acabado!… ¡Me gustaría más levantarla que abrirla!» Cuando empezó a hablar, probablemente no se daba cuenta de este deseo -no era consciente para él-; pero se encontraba ciertamente presente y pudo manifestarse, contra la voluntad del que hablaba, en su aparente equivocación. Un solo ejemplo no puede permitirnos decidir entre dos explicaciones diferentes. Pero ¿qué diríamos si todas las equivocaciones verbales pudieran ser explicadas de la misma forma y del mismo modo, y también todas las equivocaciones escritas, todo error al leer o al oír y todas las acciones equivocadas? ¿Qué diríamos si en todos estos ejemplos (podríamos decir sin ninguna excepción) fuera posible demostrar la presencia de un acto psíquico -un pensamiento, un deseo o una intención- que explicaría la aparente equivocación y que era inconsciente en el momento en el que se realizó, aunque haya podido ser previamente consciente? Si esto fuera así, no sería ya realmente posible seguir negando el hecho de que existen actos psíquicos que son inconscientes y que incluso a veces son activos mientras son inconscientes, e incluso en este caso pueden a veces influir considerablemente en las intenciones conscientes. La persona que ha sufrido una equivocación de esta clase puede reaccionar a ella de varias maneras. Puede pasarla completamente por alto o puede percibirla y quedar confusa y avergonzada. Por lo regular no puede encontrar la explicación por sí misma y sin ayuda ajena, y con frecuencia rehúsa a aceptar la explicación cuando se Ie coloca ante ella por lo menos durante algún tiempo.

En tercer lugar, finalmente, es posible, en el caso de personas en estado hipnótico, probar experimentalmente que existen cosas como los actos psíquicos inconscientes y que la conscienciación no es una condición indispensable para la actividad (psíquica).

Cualquiera que haya presenciado uno de estos experimentos recibirá una impresión inolvidable y una convicción que nunca será quebrantada. Esto es, poco más o menos, lo que ocurre. EI médico entra en la sala del hospital, apoya su paraguas en el rincón, hipnotiza a uno de los pacientes y le dice: «Ahora me voy. Cuando vuelva, usted saldrá a mi encuentro con mi paraguas abierto y lo mantendrá sobre mi cabeza.» Entonces el médico y sus ayudantes abandonan la sala. En cuanto vuelven, el paciente, que ya no se halla hipnotizado, lleva a cabo exactamente las instrucciones que se le dieron mientras estaba bajo hipnosis. EI médico le pregunta: «¿Qué está usted haciendo? ¿Qué significa esto?» El paciente queda claramente confundido. Hace alguna observación inoportuna, como: «Sólo pensé, doctor, que, como llueve afuera, usted abriría su paraguas en la sala antes de salir.» La explicación es evidentemente inadecuada y hecha en el apuro del momento para ofrecer algún motivo de su conducta sin sentido. Es evidente, para nosotros los espectadores, que ignora su real motivo. Sin embargo, nosotros sabemos cuál es, porque estábamos presentes cuando se le hizo la sugestión que ahora realiza, mientras que él nada sabe del acto que está en acción.

La cuestión de la relación del consciente con lo psíquico puede ser considerada ahora como establecida: la consciencia es sólo una cualidad o atributo de lo que es psíquico, pero una cualidad inconstante. Pero existe otra objeción que hemos de aclarar. Se nos dice que, a pesar de los hechos que hemos mencionado, no es necesario abandonar la identidad entre lo que es consciente y lo que es psíquico; los llamados procesos psíquicos inconscientes son los procesos orgánicos que desde hace tiempo se ha reconocido que corren paralelos a los procesos mentales. Esto, naturalmente, reduciría nuestro problema a una cuestión, aparentemente baladí, de definición. Nuestra respuesta es que estaría injustificado y sería impropio establecer una brecha en la unidad de la vida mental para lograr una definición, puesto que en cualquier caso está claro que la consciencia sólo puede ofrecernos una cadena incompleta y rota de fenómenos. Y sería una cuestión de suerte que hasta en el cambio hubiera sido hecho en la definición de lo psíquico, no resultara posible construir una teoría amplia y coherente de la vida mental.
Ni es necesario suponer que esta visión alternativa de lo psíquico sea una innovación debida al psicoanálisis. Un filósofo alemán, Theodor Lipps, afirmó con la mayor claridad que lo psíquico es en sí mismo inconsciente y que lo inconsciente es lo verdaderamente psíquico. El concepto del inconsciente ha estado desde hace tiempo llamando a las puertas de la psicología para que se le permitiera la entrada. La filosofía y la literatura han jugado con frecuencia con él, pero la ciencia no encontró cómo usarlo. El psicoanálisis ha aceptado el concepto, lo ha tomado en serio y le ha dado un contenido nuevo. Con sus investigaciones ha llegado a un conocimiento de las características de lo psíquico inconsciente que hasta ahora eran insospechadas y ha descubierto algunas de las leyes que lo gobiernan. Pero nada de esto implica que la calidad de ser consciente haya perdido su importancia para nosotros. Continúa siendo la luz que ilumina nuestro camino y nos lleva a través de la oscuridad de la vida mental. Como consecuencia del carácter especial de nuestros descubrimientos, nuestro trabajo científico en la psicología consistirá en traducir los procesos inconscientes en procesos conscientes, llenando así las lagunas de la percepción consciente…


«Sigmund Freud: Obras Completas», en «Freud total» 1.0 (versión electrónica)